Los recuerdos se van trenzando con la nostalgia y las lágrimas.,
y los ausentes,
parecen estar más lejos aún.
¡Me dueles!
Es inevitable intentar arrebatarte del olvido.
No sé, no sé, si algún día este dolor se vaya
como el resplandor de los fuegos de artificio
que estallan frente a mi ventana
llevándose un poco más de mi vida,
pero ahora en esta hora,
pese a este aguijón que me desangra,
llevo tu nombre incrustado como un juramento,
como un ácido que me traspasa.
La tarde ha cedido a mi tristeza y va desmayando
regalándome algo más tus caricias
a las que me aferro con la locura de la primera vez,
intentando detenerte.
Tiemblo, tiemblo presa de estas últimas horas
que mezquinas te me esconden más y más
escabulléndose por los eternos pasillos de mi soledad.
Espantando con esmero
los rasguños del olvido sigo y sigo,
pero ya no vienes ni te vas
y me quedo contemplando en despedida
mi tardío amanecer.

