PRISIONERA


Me deleito en la libertad de ser su prisionera,
de no tener barrotes,
más que sus suspiros reprimidos,
ni carcelero, más que su pasión contenida.

Seducen las cadenas de su indiferencia,
sublevan sus ganas de olvidarme
y aunque es de voluntad entrenada,
el fuego lo sofoca y no puede dejarme.

Hechiza esa lucha suya que invade y repliega
sus batallones enloquecidos;
que toma y abandona mis campos de enardecidos.

Cautiva el saberlo inmóvil,
en el filo de la duda,
cuando mi ausencia se deja ver.
Y disfrazando su huida cuando se sabe vencido.

Embruja tan sólo imaginar,
como soborna la conciencia,
arrastrando el desgano
por suelos marchitos y solitarios
y las mil vueltas que tiene dar
para que el remordimiento se quiera callar.

Me enamora... con su traje de apatía
con sus arrebatos y la melancolía
de no ser comandante, sino esclavo del alma mía...

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