SUSURROS DEL ALMA, TAMBIEN QUEBRANTOS


Musita la incertidumbre
taladra el alma
se detiene el segundo oscilando
entre la penitencia y el amor,
entre la contrición y el deseo.

Cae la ultima gota de sudor
corre por su torso desnudo,
como si su alma llorara desde dentro
socavando también la carne.

La angustia atrapa el corazón, lo ata
mientras el miedo se pasea por las venas
y combate a esta agonía que trae la duda.

Se cuelan nuestros besos faltos de labios,
nuestras caricias privadas de manos,
por las rendijas del silencio,
este silencio que separa a su piel de la mía,
a mi vida de la suya.

Por instante alcanzo su mano
que con desesperación toma mía, aferrándonos
¡quiero ser suya! ¡quiero que sea mío!
Una lagrima se asoma, evoca los tiempos idos
y un sollozo suplica la esperanza.

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