EL PRIMER FUEGO



El silencio se torna en quejido

y el témpano en fogón.

Me roba el alma,

la macera,

va seduciendo desde el afán.

La tierra se desmorona.

Mi pie ha tropezado.

Bendita sea la perdición:

el nacimiento de tus manos

que modelan la calma del día.

Bendito sea tu fuego

la fusión de mi pequeñez con tu grandeza

que me fragua,

infinita.

Desmesurado y bendito el antojo

que desata el áspero tiempo.

Sobrepasando los atavíos de la noche,

el bendito lo arrebata todo,

todo lo quema,

y desquiciado,

vence.

1 comentario:

  1. bello, dulce, apasionado,fuerte como el amor que se entrega desbordado...
    ojala un dia compartamos una lectura.
    saludos desde Maipu-Santiago

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