EN SUS DOMINIOS


Destiñe el alba su manto

de sudor en sudor se desgasta,

en sus dominios

el quejido se agota

Llueve.

Fauces hambrientas subyugan,

desde las espesuras enfurecen

crepita la sangre,

ciñe la rienda,

desfallezco.

Requiebros de carne sacian el follaje

brotando de entre sus labios fuego.

Fuego que se mece por lo hondo,

fuego salvaje,

exigente,

Vital.

Insaciable demencia consume.

Tras la tormenta de su lengua insolente,

yergue la furia,

se apaga el silencio

y desenfundando arremete

poseyéndome toda.



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