LA CONDENA DE LOS AMANTES



Se mecen los días urdiendo llamas,
siempre presos del silencio,
siempre pendientes del pretexto
¡Cómo duele vivir al otro de la luz
consumiéndose de deseos!

Es una guerra siempre perdida,
que nos deja inmóviles
en los arrabales de la felicidad,
extraviados en la jornada,
solos, siempre solos.

Inquilinos eternos de una pasión
que nos hace guiñapos el alma,
que se duerme en el desamparo de algún recodo
relegando todos los sueños
a rendirse en un escondite,
con este miedo que nos propone,
solo escapes embusteros
que desollan las esperanzas,
succionando el aire
pero que sin ellos es imposible vivir
y nos lleva la existencia este amor de locos en un solo instante
mientras afuera la vida sigue y sonríe apacible,
sin un dejo de piedad.

Y vivimos en esta celda oscura
que nos mutila y nos recluye
en la profundidad de la nada;
que nos encierra y nos abandona
olvidando que alguna vez existimos.

2 comentarios:

  1. "mientras afuera la vida sigue
    y sonríe apacible,
    sin un dejo de piedad". Esa es la gran tortura de los amantes. Saberse en un limbo proscrito donde la verdadera felicidad sólo es un triste remedo, un bosquejo fatal en la gran tela de la vida.

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  2. ...mmm...bosquejo no. Al contrario, creo que debe ser el momento mas absoluto.

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