REQUIEM



Deje ya de contener esta pasión
que contraída en el silencio, oculta.
Un mendrugo de cielo
no satisface el hambre de mi todo.
Deje ya de lidiar,
de lidiar contra el demonio de la culpa,
no se condene al silencio que mutila,
ni al sofoco egoísta bajo la almohada,
que afuera mantos floridos esperan por usted.
Mi captor, mi vida, mi presa
quiero hundirme en la inmensidad de su ímpetu,
rendirme en el esmero de su lengua,
de su beso,
de su gana impune,
y en la complicidad
despuntar temblores que recorran astillando.
Apresúrese,
mire que un mendrugo de cielo
no satisface el hambre de mi todo.
Mi captor, mi vida, mi presa
quiero acechar su desespero,
sus escalofríos,
sus temblores.
Asirlo
y beberlo despacio,
tan despacio, hasta la súplica,
para deleitarme con su agonía,
el réquiem de su lamento
que acompaña mi muerte y la suya.

1 comentario:

  1. A veces, la cobardía es un condimento que contamina el sabor que debería tener el plato...

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