SIN CURA



Calle,
calle mientras ve a contra luz
como el fuego se traduce en temblores
¡Róbeme el aliento, róbeme la vida!
Sus ojos persuaden,
desahuciando.
Ambrosía destila la tarde y yo,
yo me consumo en su mirada.
Los secretos ríen y se esconden
y como un racimo de uva
me deshago en su boca.
Sus besos escoltan,
mientras el sagrario se abre
a su arrojo,
punza, llama, pide
suplicándole:
¡Róbeme el aliento, róbeme la vida!

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