TEMPLO



Soy la inmaculada,

la desbocada,

la irreverente,

la que coronada de estrellas

es soberana de tu noche.

Sí, yo soy el altar

hasta donde trepan tus súplicas,

donde sucumbe la contrición.

Soy la patena,

la que te cobija con la carne ya vencida.

Soy el santuario que se abre

para enjuagar tus cabellos

como un claro de luna.

Sí, la inmaculada,

la traviesa,

la indecente

la que a pie descalzo va dejando huella

hasta desbordar la gruta de tu deseo.

Soy la estola bordada por tus lamidos,

la trama que afloja los votos

el tizón que cauteriza la culpa

haciéndote mi dios entre las llamas.

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