VIVAME


VIVAME

Vívame,
desde el quejido penitente,
que arrastra sus ojos hasta los míos
anudándonos en el suspiro
de un carnívoro llamado.

Vívame desde el resuello
que oculto tras la carne desgastada
mortifica al deseo.

Derróteme sin juicios
¡pero condéneme!
a esos requiebros suyos de animal en celo
mire que,
tengo la carne moribunda
y en el alma un desconsuelo.
No me deje morir.
Vívame.

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