ATADA


Quiero aflojar el asombro,
abrir los ojos para no verlo,
colgar el alma
y luego ir de compras.

Y es que tengo ojos revueltos,
repletos de usted
las manos inquietas, desobedientes
las ansias quejosas, desesperadas.

Y su aliento que no para,
que me persigue y me secuestra
y yo,
yo resbalo en su boca
gimiendo, gimiendo, gimiendo,
perdida en el extravío de ser suya.

Anochezco en sus brazos
con las pasiones aún hambrientas,
la sangre hirviendo
y este regodeo secreto
que punza y exige más y más.

Entonces usted arremete desvalijando
bebiéndome gota a gota por completo.

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