DEVOCION SIN CURA

Déjeme,
déjeme lamer su silencio
gustar y beber de usted
y develando las estelas de este rapto
déjeme hacerlo temblar
entre estas dos lunas de fuego.

Déjeme,
déjeme derrotar esos agolpados deseos
que gimientes me escrutan toda
y que por las noches revientan y arremeten
y desde los adentros afiebran.

Déjame,
déjeme enjugar su silencio
para aquietar su lengua
que feroz hurga.

Déjeme,
déjeme ir despertando lentamente
de esta incurable devoción
que desfallece una y mil veces.

Y déjeme,
déjeme sin escapatoria, rendida
presa del jadeo,
esclava de su amor.


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