INVASOR


Quejumbroso se asoma de nuevo
y por los confines se escabulle
devora por dentro,
seduciendo por fuera,
encadena al dolor,
encadena a la culpa.

Se me gasta la vida
en medio de las aguas del recuerdo
que aún queman la carne
dejando atiborradas las cavernas de locura.

¡Maldita sea esta pasión y sus zarpas
que me incendia toda y se esconde!
para ver desde lejos
como este tormento me deshace.

Maldito este abismo que empuja
a caer en bocas ardientes y lenguas feroces
que lamen despacio,
estrujándolo todo.

Inevitablemente estoy derrotada,
por este deseo invasor
que vence,
enjugándome la vida.

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