PURGATORIO




El otoño avanza a pie agigantado,
sus avatares envuelven todo de nostalgia
la sonrisa se hace endeble,
sin remedio,

se va deshilachando mi cielo,
¡qué penitencia más cruel me ha puesto la vida!

Se ha empañado el ocaso
tus rayos descaminaron el rumbo
¡no me vinieron!
¡Mi sol, mi sol dónde estás!
te llamé,
pero en la playa del olvido
la ponzoña me atrapó
y la epifanía que ayer fue tu mirada
hoy es sólo un fango de desolación.

El silencio se estremece y castiga
acrisolando este deseo
en la hoguera de tu ausencia
¡duele la carne, me duele la vida!

La culpa escarda mi piel
mi piel aquella que ayer fue la alameda de tus caricias
sin piedad te arrancan de mi
y  agonizo
junto al lamento de las hojas
que mueren a su lado
como un presagio.

Forzada día y noche
voy expiando mi pecado,
este pecado de amarte sin permiso.
Los recuerdos se enfilan y me  golpean
y restregándome la culpa se burlan de mi,
ya no puedo seguir,
no tengo fuerzas.

 Los remordimientos ciñen a la conciencia
¡pero no la condenan!
y atorándose a las puertas del olvido luchan
pero esta purga hecha sangre y desconsuelo,
¡No hay muerte, no hay vida!
sólo es el dolor quien regenta este camino.

¡Duele la carne, me duele la vida!

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