SUPLICA

Arránqueme la vida
sin un brote de clemencia,
porque ese atisbo suyo
se encona en el pecho
y va supurando agonía,
se me desboca la razón
y el pie olvida su rumbo.

Tengo los huesos roídos
que por tanto amar
hasta la médula ha hurgado buscando
buscando un amago de muerte
que le tienda la mano.

Arránqueme la vida
y este incurable dolor
que este abandono suyo
horada las entrañas
y mutilando la esperanza
ahoga,
enceguece,
tortura.

Tras las sombras
dos sollozos
disputan el recuerdo.
Se desmigaja mi cielo y cae apuñalando
y desde las llagas
raudales de desconsuelo se desbordan.








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